El general Domiro García Reyes, controversial personaje que hiciera su fama gratuita luego de fungir como jefe del Estado Mayor, encargado de la (in) seguridad de Luis Donaldo Colosio Murrieta cuando éste contendiera a la candidatura a la presidencia de la República por el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Negligencia que se puso en evidencia luego del artero crimen en contra de Colosio el 23 de marzo del 1994 en la administración de Carlos Salinas de Gortari y como mano ejecutora Mario Aburto, y posteriormente circuló la versión de que uno de los tiros recibidos por parte de este entonces candidato, se perpetraría al interior de la camioneta en la que fue trasladado, por parte del equipo del Estado Mayor.
Domiro García Reyes reapareció en el mundo de la política luego del cobijo que le hiciese el gobernador, Javier Duarte de Ochoa al nombrarlo como director de Operaciones de la Secretaría de Seguridad Pública en el estado, evidenciando técnicamente dos cuestiones de suma delicadeza: una, que Javier Duarte no tiene la capacidad para designar a la persona más adecuada en el cargo demostrando un verdadero desinterés en la inseguridad que prevalece a nivel estatal y la otra, -peor aun- que el gobernador pudiera estar recibiendo indicaciones de más “arriba” para incrustar gente con cierto perfil a modo para circunstancias venideras, pues debemos recordar que el asesinato de Luis Donaldo Colosio jamás fue esclarecido y la labor de Domiro García siempre fue cuestionada.
Desde el período del ex gobernador Fidel Herrera Beltrán, el ex presidente de la República, Salinas de Gortari ha rondado el estado de Veracruz de manera constante, y pese a la versión que ha circulado con relación a la participación intelectual del ex mandatario federal, siempre la militancia priísta ha intentado demeritar dicha acusación, argumentando que todo se debe a ataques mal infundados por parte de los adversarios políticos para debilitar al tricolor.
La especulación sobre la posibilidad de un complot político, ejecutado por los mismos personajes con mucho poder en el PRI y quienes mantenían el poder presidencial: Salinas de Gortari. Se corrió la versión sobre el posible contubernio perpetrado en las filas del tricolor y sobre todo, desde Los Pinos para asesinar a quien a gusto del aquel entonces gobernante de nuestro país, se salió del “huacal” y se convirtió en un verdadero problema.
Curiosamente ni Salinas de Gortari, ni el propio Domiro García Reyes fueron molestados; y definitivamente el servir a mentes perversas trae consigo los beneficios y anuencias de quienes aún continúan dominando la política mexicana, tanto en la dirigencia del Comité Nacional del PRI como en algunos estados, caso específico Veracruz. Indudablemente las visitas del ex presidente de la República, su asesoría y manipulación a gobernantes nulos de inteligencia, experiencia y capacidad le ha dado la fuerza necesaria para obligar –como en el caso de Javier Duarte de Ochoa- ha otorgarles beneficios y sobre todo, abrirles espacio a individuos de mala reputación como es el caso del actual director de Operaciones de la Secretaría de Seguridad Pública, Domiro García Reyes.
Por ello, no nos extraña ver cómo el Partido Revolucionario Institucional tenga postulados como candidatos a tipos como Reynaldo Escobar Pérez, quien sólo se ganó la antipatía de propios y extraños por sus malas decisiones, pero sobre todo por las acciones a su paso por la Procuraduría General de Justicia, y quien tuvo que dejar su “cetro y corona” debido a que su designación en dicha dependencia ya era insostenible para el empleado de los veracruzanos, Javier Duarte de Ochoa.
Domiro García Reyes, recién declaró a los medios de comunicación no meter las manos al fuego por la policía estatal –no lo culpamos- quienes dijo han demostrado una participación activa con la delincuencia organizada. Indudablemente el poco alcance de este mal elemento del gobierno del estado, es reducido, pues el aceptar por parte de los altos mandos en el rubro de la seguridad pública no confían en sus subordinados que los sostienen en el cargo, pues si estos están mal pagados –situación que los ha hecho desvirtuar sus funciones y los ha convertido en hampones- se debe a que ellos como “autoridad” los mantienen en dicho estado de pobreza.
Son varios los cuestionamientos que considero no me podrán -y no porque no puedan- responder Javier Duarte de Ochoa, ni el inexperto dirigente estatal del PRI, Erick Lagos Hernández –el Benjamín de los hijos putativos de FHB-:
¿Qué le sabe Reynaldo Escobar al gobernador para haberse impuesto como candidato a la diputación federal por el distrito de Xalapa urbano?
¿No percibirán que su postulación como candidato, le provocará un daño irreversible a su partido en las próximas elecciones?
¿Qué acciones fraudulentas realizará el PRI en las próximas elecciones para lograr que este personaje llegue a ocupar una curul en el Congreso de la Unión?
¿Consideran que los veracruzanos no tenemos memoria?
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