“Tú, oh rey, estabas contemplando, y, ¡mira! Cierta imagen inmensa. Aquella imagen, que era grande y cuyo resplandor era extraordinario, estaba de pie enfrente de ti, y su apariencia era pavorosa. En lo que respecta a aquella imagen, su cabeza era de buen oro, sus pechos y sus brazos eran de plata, su vientre y sus muslos eran de cobre, sus piernas eran de hierro, sus pies eran en parte de hierro y en parte de barro moldeado”. Fragmento del libro bíblico de Daniel.
Después de la pifias cometidas por Enrique peña Nieto durante la Feria Internacional del Libro en la ciudad de Guadalajara, la sociedad mexicana conoce en realidad, la poca cultura de los hombres encargados de conducir las riendas de un país tan variado como lo es México. El hecho de que Enrique Peña Nieto, pre-candidato a la presidencia de un país, haya demostrado su falta de cultura en un evento que está organizado para fomentar la lectura y para impulsar la literatura en un país que no lee; no es, ni será, un hecho menor.
Es por eso que resulta indígnate ver la forma en que Televisa intenta aminorarlo. Si Enrique Peña Nieto no tiene el tiempo para leer, como dijo en una entrevista al día siguiente de su escándalo, yo me pregunto ¿de dónde sacó el tiempo para escribir un libro?
Para el más básico de los escritores, el redactor incluso, dejando de lado a lo creativo, la lectura es un acto indispensable. La buena redacción nace de un buen hábito de lectura: ¿Cómo es que un hombre que no puede recordar tres libros fue capaz de escribir uno? La respuesta es clara, y esto no hace sino despertar una mayor desconfianza en la nueva cara del PRI, que continúa tratando de montar escenarios repletos de clichés para engañar a las mayorías desinformadas.
El problema es que en un país de no lectores, el común denominador identifica a los libros inmediatamente con la literatura, y sabemos bien que esto no necesariamente sucede. Enrique Peña Nieto bien pudo haber contestado con bibliografía política, legislativa y hasta económica –pudo haber dicho que admiraba a Maquiavelo, a Aristóteles y a Smith–, y así el impacto de su ignorancia se habría reducido considerablemente.
Pero Peña Nieto no pudo responder lo básico. Quiero decir con esto que no se trata de ser un genio literario o no, sino estar mínimamente preparado para ejercer un puesto tan relevante: ¿Qué importancia daría a la cultura un presidente que no lee?
Además si sumamos la defensa férrea que Carlos Loret de Mola ejecutó en su columna de El Universal, devela una estrategia descarada que intenta defender, cueste lo que cueste, al “candidato” del PRI. ¿Cómo es posible que Loret se haya atrevido hablar de una “guerra sucia” contra Peña Nieto con pruebas tan débiles como los videos relacionados en el portal de Youtube?
¿Dónde queda la investigación periodística, la moral que los medios deben tener según expresa Televisa en sus comerciales?
Qué ganas de ver a un país, en el que los medios, en lugar de descalificar a la literatura –y a la lectura en su más amplia definición– como algo indispensable, la demandaran, la fomentaran y la enaltecieran. Qué ganas de ver un país en el que como exigencia reinara la educación, la oportunidad de terminar con esa enorme desigualdad que nos pinta indeleblemente títulos tan despreciativos como “asalariado”.
En lugar de eso, vemos al monstruo que controla la opinión de masas tratando de reparar la fisura que crearon los pocos que han encontrado una herramienta para expresar su opinión.
Por eso el epígrafe de la imagen de Daniel, al principio de este texto; es cierto que las aleaciones de los materiales se refieren específicamente a las potencias que han gobernado a la humanidad; pero, refiriendo únicamente a su apariencia; la mayoría de la sociedad mexicana estaba extasiada con la imagen que el monstruo televisivo había estado forjando de Enrique Peña Nieto, una “imagen inmensa, grande y cuyo resplandor era extraordinario, pero su exceso de confianza hizo que olvidaran un detalle: Esta inmensa imagen al igual que Peña Nieto tiene unos enclenques pies de barro que desgraciadamente para los priistas sus adversarios ya detectaron.
Nació en Xalapa Ver. Es Licenciado Educación Secundaria, cuenta con una Especialidad en Ciencias Sociales es Maestro en Tecnología Educativa y Doctor en Educación, es Catedrático Universitario. Es también Maestro de oratoria y discurso político. Ha ganado 7 premios estatales como maestro de oratoria. Es especialista a nivel postgrado en Inteligencia Emocional. Ha participado en diversos foros como conferencista etc.

