Dedicada a esas personas que siguen Abracadabra, porque el propósito fundamental de escribir es ser leído, y cuando eso sucede no se puede dejar de agradecer la distinción que el lector le concede a uno.
Un poco en la línea de mi colaboración anterior, es tiempo ahora de hablar de otro de los proyectos de nación que sin duda es el más comentado por ser el más aparatoso. Hablemos de Comprometidos con México y del PRI de Enrique Peña Nieto.
En la radio he escuchado una serie de comerciales muy emotivos en los que una voz en off te habla muy suavemente sobre este compromiso que “tenemos” porque tu vida mejore y en general la de todos. Y menciona que es justamente “nuestra experiencia gobernando” la que va a hacer esto posible.
Actualmente el proyecto priísta de nación es el que más seguidores ha levantado en toda la República, una República cansada de casi 12 años de gobiernos panistas en los que el país no sólo no mejoró, sino que se sumió en una violencia e inseguridad como nunca las habíamos vivido.
Es verdad que en muchas partes se escuchan frases como: “El PRI si sabía gobernar”, “Al menos con el PRI no vivíamos con miedo”, “Ellos robaban pero nos daban algo a todos”. En fin, las frases que se podrían resumir en el refrán “más vale malo por conocido…”.
El autonombrado “nuevo PRI”, nos trae esta vez un proyecto de considerable proporción –una plataforma de 100 páginas aproximadamente- en el que todas las cosas pintan para bien y no son para nada reprochables.
Y es verdad que ya no estamos frente al mismo PRI del año 2000, ni el de 1988, y mucho menos que el PRI de 1968 o 1971. Los tiempos han cambiado y la vieja escuela priísta, autoritaria y autocomplaciente se ha retirado parcialmente para dar paso a nuevos grupos con otras perspectivas, con mayor capacidad de diálogo y ahora con una experiencia al interior de la oposición que mucho le ha dejado en los años pasados.
El PRI es en efecto el partido con la estructura más sólida y experimentada de todas, con capacidad para volver a poner en orden buena parte del caos que reina actualmente. Y para esta empresa histórica, el “nuevo PRI” ha elegido de entre sus filas de militantes a Enrique Peña Nieto para ser la cabeza. Error, craso error.
Aunque muchos opinan que los recientes “tropezones” del candidato tricolor no tienen la menor importancia ni deberían influir en el voto, considero que fueron tres ocasiones, por mencionar las tres más sonadas, que dejaron al descubierto quién es en realidad Enrique Pena Nieto, qué es lo que piensa de los mexicanos, y qué le espera a México con un hombre como él al frente.
Cuando digo tres ocasiones, me refiero en primer a su incapacidad de hablar sobre sus lecturas predilectas en la Feria del libro, a los comentarios prepotentes y despectivos de su hija Paulina en Twitter, y a su famoso “no lo sé (cuánto vale el kilo de tortillas) porque no soy la señora de la casa”.
No nos engañemos, Peña Nieto no es parte de estos grupos innovadores y rejuvenecidos del “nuevo PRI”. Aunque su cara atractiva para muchas mujeres –que no es el caso de la que escribe- y su bien definida ceja alzada nos muestren a un joven líder en su apogeo, sus orígenes y sobretodo, sus padrinos políticos hablan muy bien por él.
El PRI quiso apostarle en esta ocasión a un candidato tipo Vicente Fox, de buena apariencia, carismático y con una gran y bonita familia, creyendo que con eso tenía para arrasar con la preferencia del electorado. Televisa le armó una maravillosa puesta en escena para deslumbrar al mexicano de a pie, para que con una palmada del candidato guapetón y una sonrisa perfecta de su famosa esposa, la gente cayera rendida a sus pies. Y el PRI no se pudo haber equivocado más.
México y sobre todo la militancia priísta, necesitaba de un candidato fuerte para esta elección. Necesitaba de un hombre con carácter y preparación, con inteligencia política y estratégica, con mucha sagacidad y templanza.
A México le urge estadista de verdad, que sepa conciliar con sensatez e imponer sin atropellar. México no necesita candidatos de papel ni galanes de telenovela, no necesita políticos Potemkin que sólo sean fachada sin sustancia.
¿Es la mejor opción un candidato cuyos hijos piensan que todos los mexicanos somos “Proles envidiosos”? ¿Tendrá la capacidad de gobernar una nación un hombre que evidentemente no ha leído en su vida y lo que es peor, que no sabe siquiera enfrentar y superar un cuestionamiento exitosamente? ¿Qué queda de Peña Nieto si le quitamos su monstruosa campaña de apoyo televisivo, la bonita esposa de telenovela y la ya mencionada ceja alzada?
Si el PRI tenía la oportunidad de demostrarle a los mexicanos lo que se puede hacer por un país con determinación, experiencia y perdónese la expresión, con ‘huevos’, poniendo a un incipiente candidato como ese sólo nos logrará decepcionar aún más.
Que no se confíe tanto el de la sonrisa Colgate, porque para ganar la “Silla del Águila” no basta sólo con posar para la foto, también es necesario saber defender y debatir, conocer al país y a su gente, asumirse como un mexicano más, no como una estrella de televisión.
Aún como mexicana de izquierda, y como decidida partidaria del proyecto de nación de Andrés Manuel López Obrador, sigo pensando que no todo el PRI es corrupción, que alguna vez un gran hombre llamado Lázaro Cárdenas del Río sentó las bases de lo que sería nación fuerte, ordenada y progresista. Los priístas harían bien, muy bien, en volver sobre sus pasos hasta el comienzo, en recordar sus nobles orígenes, sus ideales primordiales, los que le dieron a México paz después de la guerra, salud, empleo, desarrollo como nunca antes se había tenido.
Pero la realidad es que el “nuevo PRI” está valiéndose solamente de marketing para hacerse de un poder que no es de un solo hombre o de un solo partido, sino de los casi 114 millones de mexicanos que al final de cuentas padeceremos por los próximos 6 años las malas decisiones, la impunidad y la displicencia de quienes nos gobiernan.
Pobre de México si al final decide votar, una vez más, por la apariencia; pobres de nosotros si creemos que las cosas se resolverán regresando al bache del que con tanto trabajo salimos. Pobres mexicanos si pensamos que un hombre inculto y arrogante es lo que nos hace falta. Pobre del PRI, que con tan buena plataforma política y proyecto de nación, ha desperdiciado una oportunidad única de transformar auténticamente al país.
Mi intención en este texto, finalmente es la de reflexionar como mexicana, como ciudadana, aferrándome a la libertad de expresión, al libre albedrío, a la libertad de conciencia y sobre todo, haciendo honor a la sed de cambio y de justicia que toda la gente de mi edad debería tener y debería defender con uñas y dientes.
No hace falta que diga más, no hace falta exhibir más a nadie. Se acercan ya las campañas, los enfrentamientos públicos y los famosos debates, y es ahí donde veremos a cada candidato exponer y exponerse a la opinión de los mexicanos, es ahí donde saldrán a flote las carencias y las virtudes, es ahí donde sabremos de qué están hechos aquellos que aspiran a ser el próximo Presidente de la República Mexicana.
Licenciada en Historia por la Universidad Veracruzana, especializada en Historiografía europea de los siglos XVI y XVII, la escatología cristiana y su traspolación en los relatos y crónicas de la Conquista de México y la fundación de la nación mexicana. Miembro de la Red de Investigación Historiográfica "Repensar la Conquista".
Ha sido ponente en diversos congresos de historia nacionales e internacionales; articulista de medios locales, coordinadora de contenidos de las revistas Graphen, Revista de Historiografía, y Diurna, Revista del Instituto Electoral Veracruzano.
Se ha desempeñado como Asistente de investigación en el INAH-Veracruz; y como Correctora de estilo en el Instituto Electoral Veracruzano; actualmente trabaja como analista del Departamento de Integración y Análisis Documental del DIF Estatal Veracruz, y como Subdirectora del periódico digital Crónica del Poder.com.
Posee estudios de Perfeccionamiento de la Lengua y Cultura Italiana por la “Scuola Toscana” de Florencia, Italia.
Sobre todo es una persona a la que le gusta reír, platicar, viajar todo lo que se pueda, el cine, la música, los libros y claro, el vodka y el vino.



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